juan preguntado en Arte y humanidadesHistoria · hace 7 años

¿que hace santa anna cuando deja de gobernar?

desde que deja de gobernar hasta que se muere necesito hacer una historieta gracias

3 respuestas

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  • hace 7 años
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    Era 1855 y el Plan de Ayutla de Juan N. Álvarez había dado resultado, los liberales derrocaban a S.A.S el General Santa Anna y lograban obligarlo a renunciar por una última vez y marchar de nuevo al exilio. A pesar de que Santa Anna había atestiguado varias idas y vueltas de gobiernos, el triunfo del Plan de Ayutla marcó de una vez por todas la muerte política del nombrado 'Defensor de la Patria'.

    Por el resto de su vida, se mantuvo en el exilio; pasando por diversos lugares: de Cuba a Estados Unidos, después a Colombia, y más tarde a la isla de Santo Tomás en las Islas Vírgenes. Durante esa vida itinerante, su voz se dejó oír en México sin provocar mucho ruido. Cuando se había instituido el nuevo gobierno liberal, Santa Anna publicó diversos artículos que instaban (sin éxito) a una rebelión en contra del régimen. De la misma forma, cuando se dieron los sucesos de la Segunda Intervención Francesa, Santa Anna escribió al gobierno mexicano ofreciendo sus servicios como militar para combatir al invasor; naturalmente, fue ignorado. Si bien Santa Anna siempre se encontró a favor de la soberanía máxima posible de México y aborrecía todo tipo de intervención extranjera, encontró simpatía en la restauración monárquica bajo el reinado del Emperador Maximiliano I de México, por lo que, entusiasmado por la causa monárquica, escribió también al Emperador para ofrecerle sus servicios, pero los asesores del archiduque austriaco le aconsejaron prescindir de sus servicios, por lo que sus atenciones fueron desestimadas.

    Finalmente, aprovechando la amnistía general durante el gobierno del presidente Sebastián Lerdo de Tejada, regresó definitivamente a México en 1874. Para entonces, Santa Anna ya era un veterano de 80 años que padecía cataratas y al que el pueblo mexicano tenía en el olvido (no fue tomado en cuenta durante el aniversario de la batalla de Churubusco). El General Santa Anna moriría dos años después en su casa ubicada en la calle de Vergara (hoy calle de Bolívar) número 14, en la Ciudad de México, la noche del jueves del 21 de junio de 1876. Su tumba se encuentra en el viejo Panteón del Tepeyac, de la Villa de Guadalupe-Hidalgo.

  • Para cuando dejo de gobernar y se auto-exilio a su hacienda en Colombia ya habia perdido una pierna en la guerra y tenia un grave problema de alcoholismo.

  • hace 7 años

    La fiesta sigue hasta el 1° de marzo de 1854, cuando el general Juan Álvarez proclama el Plan de Ayutla que desconoce su gobierno. Al mismo tiempo, tiene que distraer tropas para enfrentar en el norte del país, las invasiones filibusteras de los aventureros William Walker y de Gastón de Roausset-Boulbon, quien proclama su adhesión a los rebeldes. Después de resistir más de un año el levantamiento popular, de convocar a elecciones y de fracasar en su intento de ser nombrado presidente vitalicio, Santa Anna huye de la capital, se ve obligado a renunciar en Perote el 12 de agosto de 1855 y se exilia en el buque de guerra “El Guerrero” rumbo a Colombia, a su hacienda de Turbaco: ”me ausenté antes de verme en el caso extremo de apelar a las armas en sostén de la primera autoridad y en defensa de mi propia persona, lo que no produciría ningún bien”.

    Dedicado a sus actividades privadas, Santa Anna mantiene sus vínculos con los grupos conservadores. Al sobrevenir la intervención francesa, desde el extranjero Santa Anna hostiliza al gobierno de Juárez porque sus servicios militares son rechazados; entonces los ofrece en varias ocasiones a los franceses. Impaciente y convencido de la necesidad de la monarquía, en febrero de 1864, regresa a México para insistir ante la Regencia de que acepte su espada. Escribe a Maximiliano: “Al tener el honor de saludar a Vuestra Alteza Imperial como emperador de México, secundando el voto de mis compatriotas, al ofrecerle respetuosamente mis débiles servicios, puedo asegurarle, sin lisonja, que mi adhesión a su augusta persona no tiene límites.” Pero Bazaine desconfía de sus intenciones y lo detiene en Veracruz. Santa Anna responde indignado con un manifiesto contra la intervención. Expulsado de México, radica en la isla de Saint Thomas, desde donde ofrece sus servicios a Estados Unidos para mediar entre Juárez y Maximiliano. Incluso los norteamericanos lo llegan a considerar como una posible opción para sustituir a Juárez como parte de un arreglo con Francia, aunque después lo desechan porque encendería viejas rencillas. Negocia en Nueva York un préstamo para levantar un ejército, que sólo le sirve para regresar a México, cuando ya ha triunfado la República. Juárez le prohíbe desembarcar so pena de fusilarlo, por lo que Santa Anna publica desde su barco un manifiesto republicano y opta por entrar a territorio nacional por Sisal, Yucatán, en donde es aprehendido el 30 de julio de 1867.

    A pesar de que los cargos comprobados en su contra merecen la pena de muerte, el Consejo de Guerra que lo juzga en el Castillo de San Juan de Ulúa, sólo lo condena a ocho años de exilio. Los jueces que lo sentencian tan benignamente, pasan seis meses en esa misma prisión por ese motivo.

    A partir de entonces, Santa Anna vive en Saint Thomas, en Puerto Plata, República Dominicana, y Nassau, Bahamas, en donde escribe sus Memorias tituladas Mi Historia Militar y Política 1810-1874, en las que ataca ferozmente las personalidades y el actuar de Juan Álvarez – la “Pantera del Sur”, perteneciente a “la raza africana por parte de madre y a la clase ínfima del pueblo”- y del “indígena” Benito Juárez, además de que omite o disculpa sus fracasos atribuyéndolos a la traición, a la fatalidad o a su buena fe, nunca a sus propios errores. Como buen monárquico confiesa: “En honor de la patria habría empleado mis ruegos de muy buena gana para que a ese príncipe (Maximiliano) se le dejara regresar tranquilo a su casa de Miramar, al lado de su virtuosa esposa”…

    Antes de cumplir por completo su condena regresa a México bajo el amparo de la amnistía otorgada por el presidente Lerdo de Tejada en 1873, ya muerto Juárez.

    Pasa sus últimos días viviendo muy cerca de la pobreza. Muere en la ciudad de México el 21 de junio de 1876. Sus restos se encuentran en el Panteón de Tepeyac.

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