¿chicas,cuida bien tu anillo de compromiso,si no te puede suceder esto?

esta largo para leer todo pero te hara precabida.

La mañana en que Matilde recibió su anillo de compromiso sintió que para ella, todo era felicidad. Su novio se lo colocó en el dedo anular, y aunque la joven estaba tan sorprendida que no puso mucha atención en la alhaja ni en la piedra que tenía engarzada, un vuelco le dio al corazón al descubrir que el estuche en el que se guardaba tenía grabada la marca de la joyería Tiffany’s, de Nueva York.

Al quedarse a solas, cuando su prometido se fue a trabajar, Matilde se dio cuenta de que aquel anillo no era cualquier anillo. Un enorme diamante de corte “princesse”, montado en platino y rodeado de brillantes, protagonizaba la pieza, y su kilataje seguramente era muy, pero muy alto.

El amor que su novio sentía por ella no podía ponerse a duda: él la quería para que fuera su esposa de toda la vida, y aquel carísimo obsequio era la prueba.

Aunque el anillo de compromiso le venía a la medida, Matilde prefirió guardarlo en su estuche, para apantallar todavía más a su peinadora de toda la vida, que estaba por llegar; así como a su mejor amiga y a su única prima hermana, que quedaron en estar presentes cuando a Matilde le hicieran la prueba del peinado que luciría en su boda.

Simulando apenas la dicha que la embargaba, Matilde fue recibiendo a sus visitas, una por una.

La primera en llegar fue su única prima hermana. Por la vía paterna no tenía parientes, y aquella joven era la única hija de la única hermana de su madre, por lo que, en el más real de los sentidos, era su única prima hermana, tenía más o menos su misma edad, y ella la quería mucho, más que si hubiera sido su hermana.

Después llegó su mejor amiga, a la que conocía desde siempre, pues habían estudiado juntas desde el kínder hasta la preparatoria, en el mismo colegio en el que habían estudiado sus madres y sus abuelas. Su mejor amiga se había casado un año antes que ella con un millonario del norte del país, el que le daba trato de reina. Ahora que le tocaba el turno a su amiga no podía sentirse más feliz.

La tercera en llegar fue su peinadora de toda la vida, una mujer humilde pero muy conocida entre las mujeres ricas, por su habilidad para manejar maquillajes, lipsticks, secadoras de aire, sombras y todas esas cosas. Ella había arreglado a Matilde cuando hizo su Primera Comunión, cuando fue presentada en sociedad e, indiscutiblemente, había sido escogida para maquillarla y peinarla el día de la boda.

Cuando las cuatro mujeres estuvieron reunidas, Matilde les enseñó el anillo a las otras tres, quienes quedaron deslumbradas con aquella joya digna del tesoro de Alí Babá. “Además es un Tiffany’s auténtico”, dijo Matilde, con aire de complacencia cuando guardó de nuevo el anillo en su estuche.

Después vino la prueba de peinado. No había duda, aquella mujer era una maestra en su oficio. Le bastaron unos cuantos minutos para transformar la cabellera de Matilde en un sofisticado arreglo, capaz de soportar cualquier tiara o velo. La futura novia, su única prima hermana y su mejor amiga estuvieron de acuerdo en que el trabajo era perfecto y, después de pagarle, la despidieron pues la joven obrera del peine y la secadora de aire se tenía que ir a hacer algunos trabajitos más.

La única prima hermana y la mejor amiga también se marcharon y Matilde se quedó sola durante un rato, hasta que diez o quince minutos después llegó su madre.

“¡Mira mami el anillazo de compromiso que dio Álex!”, fueron las últimas palabras que pronunció Matilde antes de entrar en una angustia paralizante mezclada con rabia, pues el interior del estuche estaba vacío. Alguna de aquellas tres mujeres se había robado el anillo de compromiso, pero ¿cuál de las tres? ¿cómo comprobarlo? ¿qué le diría a su novio? “¡Hay que llamar a la policía, mami, la ratera fue una de esas tres muertas de hambre!”, dijo llorosa la joven, pero la señora le hizo notar que era imposible acusar a su única prima hermana, pues llevaba su misma sangre, siempre le había tenido mucho cariño y estaba tan feliz con la boda como ella misma. Su mejor amiga también la adoraba y no tenía necesidad de robar nada, pues era tanto o más rica que Matilde y si quisiera un anillo como ése o diez más, con toda seguridad su marido se los compraría. Respecto a la peinadora, se trataba de una mujer que había entrado y salido de su casa durante años, lo mismo que de las casas de todas sus amigas ricas, y jamás había dado motivo de de reproche en cuanto a su honradez, ni siquiera en los cambios que a veces quedaba a deber.

De tal forma que la pobre de Matilde tuvo que tragarse el coraje (que nunca se le pasó), y se vio obligada a sonreír a la peinadora de toda la vida mientras la arreglaba; así como agradecer las muestras de júbilo y de cariño de su única prima hermana y de su mejor amiga.

Han pasado los años, Matilde tiene muchos anillos de brillantes, pero no hay cosa que deteste más que tener que tratar con la peinadora de toda la vida, con su única prima hermana o con su

4 respuestas

Calificación
  • hace 1 década
    Mejor Respuesta

    jajaja

    esta muy bueno

    me tarde en leerlo pero me encanto

    gracias

  • hace 1 década

    curiosa historia, pero cual es la moraleja, disculpame se me hizo interesante, bueno yo soy hombre, aunque se que va dirigido a las chicas, y a todo esto puedo haber sido su mejor amiga?, su prima o la peinadora?, bueno , salu2

  • hace 1 década

    me parece q no estas preguntando nada en realidad...

  • hace 1 década

    No leere esto, perdon!

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