Anónimo
Anónimo preguntado en Educación y formaciónEduación Primaria y Secundaria · hace 1 década

me pueden dar la biografia de estos dramaturgos???

*EMILIO CARBALLIDO * RODOLFO USIGLI *SALVADOR NOVO *JORGE IBARGUENGOITIA

3 respuestas

Calificación
  • Tere B
    Lv 7
    hace 1 década
    Respuesta preferida

    Emilio Carballido

    Carlos Rojas

    La aportación de Emilio Carballido (Veracruz, 22 de mayo de 1925) al teatro mexicano es invaluable. Lo mismo ha elaborado piezas teatrales que sirven como ejercicios didácticos para estudiantes, que ha desarrollado fantásticos relatos infantiles y piezas maestras que lo colocan en uno de los escalafones más altos del realismo y el costumbrismo mexicano.

    Considerado uno de los pilares del teatro moderno, ha ido en contra de la idea de que el teatro debe ser didáctico. Por el contrario, afirma, “lo único didáctico posible es dar buenas obras, hermosamente preparadas, no hay otra. Para cambiar las estructuras sociales, es mejor un mitin que una obra de teatro. No podemos escribir predispuestos a denunciar algo. Si somos personas comprometidas y tenemos preocupaciones éticas, la obra va a reflejar automáticamente lo que somos y en quién creemos, pero también nos revelará rincones desconocidos de nuestro pensamiento.”

    Como docente, ha sido generoso con sus alumnos -de entre los que destacan Sabina Berman, Juan Tovar y Oscar Villegas- y ha publicado numerosas antologías donde reúne lo mismo obras infantiles que piezas inéditas de jóvenes dramaturgos.

    Como dramaturgo, ha apostado no sólo a montar sus obras en los grandes recintos con directores reconocidos, sino que también ha trabajado con jóvenes directores y compañías de teatro independiente, al igual que con compañías de pueblos indígenas.

    Emilio Carballido se dio a conocer en las letras mexicanas a los 25 años de edad, cuando Salvador Novo decidió abrir la temporada de teatro de 1950 en el Palacio de Bellas Artes con Rosalía y los llaveros, obra de la que Carballido aún no tenía terminado el acto final cuando fue informado de que sería estrenada en el teatro más importante del país.

    Su obra se estrenó con gran éxito, lo cual afirmaría Carballido, “me dejó estúpido y muy engreído”. Dedicó los siguientes tres años de su vida a presentarse en fiestas y reuniones de escritores. Después, en 1954, comenzó a trabajar en la Universidad Veracruzana, donde asegura “me alejé de tanta tontería”, y se dedicó a escribir de forma implacable, lo mismo piezas teatrales, que hoy suman más de 100, que relatos, guiones cinematográficos y televisivos, ensayos didácticos y de crítica teatral.

    Nacido en Veracruz, llegó a vivir a la Ciudad de México durante su primer año de vida y su infancia fue la que lo empujó al camino de las letras: “Me trajeron de brazos a la capital y mi infancia transcurrió en los barrios de La Lagunilla y en Santo Domingo. Querer escribir surgió en mí naturalmente, porque era un muchacho muy imaginativo, precoz e insoportable, que leía mucho y lo más natural para mí era escribir, ya que en mi casa, todos escribían: mi abuela, mi mamá, mis hermanos y mis tíos hacían versitos y cosas de ese estilo."

    De esa abuela materna, que de niña había memorizado versículos completos de la Biblia y de la poesía griega, recibió los relatos orales que desataron su imaginación y que serían fuente de inspiración de muchas de sus obras.

    Además, absorbió el estilo fantástico de las narraciones de Julio Verne, y siguió las aventuras de Sandokan, el Capitán Tormenta y los Piratas de Málaga de la mano de Emilio Salgari. Hizo un intento por escribir lo que se desarrollaba en su mente al momento de leer, y descubrió que “era una lata relatar y que era más fácil escribir diálogos y hacer acotaciones. Entonces lo que primero escribí de teatro, es todavía de chamaco, unos cuentitos a los que les hacia dibujitos; es decir, eran como una especie de cómics que yo dibujaba y dialogaba”.

    Se inscribió en la facultad de Derecho y descubrió en esa misma época el teatro de Xavier Villaurrutia. Durante sus clases de derecho romano, escribió una obra de teatro; y en el transcurso de un examen, concibió La triple Porfia (que posteriormente mostró a Salvador Novo). Luego de presentar en Bellas Artes Rosalía y los llaveros, ya radicado de nuevo en Veracruz, escribió La danza que sueña la tortuga y Felicidad, obras que los críticos han colocado dentro de la corriente del realismo; y el magnífico libro de relatos veracruzanos La caja vacía. Comenzaba así, la carrera de uno de los dramaturgos más brillantes del país.

    Asistió a la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde fue alumno de Rodolfo Usigli, Xavier Villaurrutia y Celestino Gorostiza; y obtuvo la Maestría en Letras especializado en Arte Dramático y Letras Inglesas. De entre sus compañeros, conoció a los que serían sus amigos inseparables y primeros críticos de sus piezas: Rosario Castellanos, Luisa Josefina Hernández y Sergio Magaña.

    Gran admirador del teatro clásico, tanto universal como hispánico, Carballido defiende la vigencia e importancia de las obras de Sor Juana Inés de la Cruz, Celestino Gorostiza, Calderón de la Barca y Fernández de Lizardi.

    Algunas de sus piezas son material indispensable en las escuelas de teatro, como las obras en un acto que conforman la colección D.F. 26 obras en un acto, una serie de montajes, a manera de skecthes, que con humor, sencillez y una brevedad virtuosa, obligan a pensar en el comportamiento autodestructivo de la sociedad mexicana dentro de la cotidianeidad urbana.

    Desde principios de la década de los 80, Emilio Carballido ha sido el centro de mesas de debate, homenajes y congresos en que se analiza el teatro en México y el mundo. Obras como Orinoco y Te juro Juana que tengo ganas han sido representadas en Francia, Alemania, Suiza, Bélgica, Estados Unidos, Israel, España, Colombia, Venezuela y Cuba. Carballido se considera a sí mismo heredero de una “generación de funcionarios cuerdos y generosos en México. Se puede decir que yo soy hijo de Bellas Artes, porque el INBA me lanzó en la época en que su director era Celestino Gorostiza”.

    “Escribir” afirma Carballido, “es una comunicación profunda que uno mismo se hace o que proviene del exterior, no lo sabemos; es algo que muchos nombran inspiración, en fin, tiene muchos nombres... Pero nos damos cuenta que hay algo totalmente gratuito que no depende de la voluntad. Uno no escribe la obra que uno quiere, uno escribe la obra que se deja..."

    Carballido es una influencia decisiva en la dramaturgia mexicana contemporánea. Ha incursionado en todos los géneros dramáticos, siempre imponiendo su estilo propio, que recrea formas de actuar e inquietudes que constituyen las preocupaciones humanas, y ante todo, las preocupaciones mexicanas, descritas con diálogos ágiles, sentido del humor, ternura y facilidad expresiva, con una visión siempre crítica de la realidad que rebasa los niveles locales y llega a altos niveles cualitativos.

    En palabras de una de sus alumnas más destacadas, Sabina Berman, “si Carballido tuviera un escudo de armas, sería un chupamirto; esa ave incansable que va de flor roja en flor roja, de delicia en delicia, y sólo se detiene para clavarse en otra delicia y en sus viajes de hedonismo va esparciendo el polen que fecundan entre sí las delicias. Su método de vida es el placer, que generosamente siembra a su paso en público, alumnos y amigos”.

    Como parte del esfuerzo que Carballido ha hecho por difundir el teatro y poner en un lugar privilegiado a las artes escénicas, fundó la revista Tramoya de la Universidad Veracruzana, una de las publicaciones teatrales más importantes de América Latina.

    Como un tributo al teatro griego clásico, escribió Medea, obra con que abrieron las jornadas culturales de los Juegos Olímpicos de 1968, que cuenta cómo Perseo se enamora de Medusa cuando su deber es asesinarla.

    Sus primeras obras han sido calificadas de realistas, como son Felicidad (donde narra la infeliz vida de un padre maestro de escuela y su relación con su esposa y su hija), El Relojero de Córdoba (tragicomedia de un relojero que será decapitado por un crimen que no cometió) y Rosa de dos aromas (que cuenta la desventura de dos mujeres que tratan de conseguir un millón de pesos para sacar de la cárcel al amante de ambas).

    Orinoco – sobre dos mujeres que viajan a la deriva a través del río de ese nombre rumbo a una plataforma petrolera; El tren que corría –sobre un hombre que pierde un tren hacia la ciudad de Monterrey- y Yo también hablo de la Rosa son ejemplo del estilo picaresco que Carballido utiliza en sus piezas teatrales.

    En su afán por entregar teatro de calidad, que vaya más allá de lo didáctico e invite a la reflexión, ha realizado piezas sobre personajes históricos, como Tiempo de ladrones, basada en la vida de Chucho el Roto, Cantata a Hidalgo y El álbum de María Ignacia, sobre la vida la Emperatriz mexicana Carlota de Habsburgo.

    Una de las obras favoritas del dramaturgo es Fotografía en la playa, que cuenta la reunión de tres familias que viajan a la costa junto con sus criadas, en un viaje en el que descubrirán sus rencores ocultos.

    Emilio Carballido es un buscador empedernido de historias, que escribe sobre la pobreza y la marginación, pero no lo hace con pesimismo o como un intento de aleccionar. Sus obras invitan a la risa seguida de la reflexión profunda y permiten que el espectador se descubra a sí mismo a través de la sorpresa: “El dramaturgo debe descubrir los mecanismos sociales y las causas profundas, tanto sicológicas, como los diversos determinantes que tiene el ser humano, y encontrar su sentido y relación con los valores generales.”

    Dar presencia a lo popular en un montaje, afirma, no debe ser un sinónimo de teatro pobre: “Esa idea de poner cosas fáciles y mal puestas como cultura popular es peyorativo y acaba siendo una forma de desprecio al pueblo; pero sobre todo refleja la ignorancia de quienes creen que están haciendo una labor didáctica”.

    Sobre la labor social que realiza el teatro, el dramaturgo, afirma Carballido, “debe dar verdad con belleza, sólo que, en ciertos momentos, hay verdades que es más urgente decir…debe también ser un ciudadano honrado, porque, si es un vividor comprometido con el régimen, no podrá escribir nada. El teatro es la voz del pueblo cuando se hace con sinceridad. Debe ser honesto. No hablar tan deprisa como los políticos. Reflexionar pues, para decir la verdad”.

    En esa idea de que el teatro surga como una expresión del pueblo, ha trabajado con compañías de teatro indígenas como el hoy desaparecido Laboratorio de Teatro Campesino e Indígena de Tabasco. (LTCIC).

    Para Carballido, el teatro como una creación cultural, debe ser un vehículo que acerque a los hombres a su identidad, que fomente el sentido de pertenencia: “La cultura posee funciones mediatas; sirve para darle raíz a los pueblos, hacerlos impermeables a la penetración extranjera, darles orgullo de sí mismos, hacerlos portarse de manera más conveniente para conocer la realidad; asimismo, penetrar el universo que nos rodea, dar sentido de la existencia, mejorar la sociedad y volver más inteligentes a quienes se destina”.

    Carballido plasma en cada una de sus piezas las emociones, las calles y los lugares públicos que frecuentamos a diario; sus personajes son gente de la clase media, amas de casa, cabareteras, maestros de escuela, que utiliza como vehículo para sembrar en el espectador inquietudes respecto a sus raíces culturales y obligarlo a defender su identidad.

    En los foros en que se ha reconocido su trabajo, ha denunciado la falta de escrúpulos de los productores de teatro “que anuncian con bombo y platillo las comedias musicales extranjeras”, que sirven como una forma inconsciente de colonización:

    “Nunca he temido tanto la falta de identidad como ahora que tenemos al enemigo en casa. La televisión comercial es sobre todo un instrumento de coloniaje, es una punta de lanza que trata de burlarnos la identidad, de hacernos sentir inseguros, de entregarnos al enemigo. Una meta del teatro en la actualidad podría ser resucitar la tradición teatral, demostrar que tenemos una cultura antigua.”

    Para Emilio Carballido, uno de los ámbitos más olvidados de las artes escénicas es el teatro infantil, que recibe escaso apoyos gubernamentales y que debiera ser una prioridad en las políticas culturales para fomentar en los niños la fantasía:

    “Durante la infancia el ser humano necesita encontrar modelos hermosos: por medio del cine, teatro, programas de televisión, se debería ofrecer moldes para que el niño creé sus propios juguetes fantásticos; pero si por el contrario, como ha sucedido, se le da un bote de basura, el niño creará basura, por ello se le deben dar estímulos bellos, formas fantásticas que le ofrezcan un desarrollo vigoroso, sano, lleno de ramos de flores y con posibilidades para que estas flores surjan del inconsciente.”

    Algunas de las obras de teatro infantil que ha escrito son El manto terrestre, Las lámparas del cielo y la tierra, Dar es a todo dar y Apolonio y Bodoconio, pieza para títeres con la que realizó en los años 80 una gira por Europa.

    Así mismo, ha publicado relatos infantiles tales como El gallo mecánico, sobre un gallo que vive en un taller mecánico; Los zapatos de fierro, historia que le contó su abuela y trata sobre una mujer condenada a usar zapatos metálicos y su recorrido por el mundo en busca del marido; y la entrañable relación que sostienen un niño pequeño y un caimán en La historia de Sputnik y David.

    Realizó también la antología Jardín con animales, donde reúne obras de teatro infantil escritas por dramaturgos mexicanos.

    Otro de los géneros en que Carballido ha incursionado con maestría es el relato. Las influencias que reconoce en su incursión a éste género son Maupassant, Chéjov, Pirandello y Katherin Mansfield.

    De entre sus narraciones más destacadas está La veleta oxidada ( sobre una mujer que desea ser escritora), El norte (sobre una mujer guapa y prematuramente viuda que busca el amor) y Un error de estilo, (que narra la aventura de un oficial del ejército que escapa de su fusilamiento y se esconde en casa de una mujer que vive con su criada), Egeo (sobre el recorrido por ese mar griego en un yate solitario que hacen un homosexual, un hombre y una mujer) y el libro con tres relatos Flor de Abismo.

    Emilio Carballido ha recibido a lo largo de los últimos 25 años, incontables reconocimientos a su calidad como dramaturgo. Ha sido director de Teatro del INBA, director de teatro en la UNAM, Premio Nacional de Literatura en 1996, ha recibido homenajes de todas las instituciones culturales y algunas universidades como la UNAM, la UAM y la Universidad Veracruzana. En 2002 ingresó a la Academia Mexicana de las Artes.

    En diciembre del 2002, Carballido sufrió una trombosis cerebral que lo mantuvo en estado crítico en el hospital ABC por más de un mes. A raíz de ese ataque, ha sufrido trastornos del sueño y de movimiento motriz en sus extremidades, cosa que no ha impedido que continúe con su labor de creación literaria.

    “La mejor obra que he escrito es siempre la más reciente”, afirma Carballido, quien a sus 80 años disfruta la vida del mismo modo que lo ha hecho desde que encontró su vocación de escritor: “Mira, la vida es para mí una ilusión, un frenesí, un sueño... Y los sueños, sueños son, como decía Pedro Calderón de la Barca y dice un servidor."

    Rodolfo Usigli

    (México, 1905 - 79) Dramaturgo y escritor mexicano. Encargado de la sección teatral del departamento de Bellas Artes (1938-39) y fundador del Teatro de Media Noche (1940), destaca como uno de los más firmes valores de la literatura mexicana contemporánea.

    Rodolfo Usigli cultivó la poesía (Conversación desesperada), el ensayo (México en el teatro) y la novela policiaca con Ensayo de un crimen (1945), que fue llevada al cine por Luis Buñuel en 1955.

    Pero donde su pluma raya a mayor altura es en sus comedias, originales, agudas y satíricas. El gesticulador (1937) es una sátira social sobre los políticos de la Revolución Mexicana a partir del modelo de la obra de Shakespeare Julio César. Escribió también dramas históricos como Corona de sombras (1943), sobre el papel de Carlota y Maximiliano en la intervención francesa.

    Otras obras dramáticas suyas son El niño y la niebla (1936), La mujer no hace milagros (1937), La familia cena en casa (1942), La función de despedida (1949), Los fugitivos (1960), Jano es una muchacha (1962), Corona de luz (1963), El gran circo del mundo (1969), Carta de amor (1972) y Buenos días, señor Presidente (1972).

    Salvador Novo

    (1904-1974)

    "Nació en 1904, en la Ciudad de México [murió en 1974]. Fundador, junto con Xavier Villaurrutia, de las revistas Ulises (1927) y Contemporáneos (1928), fue activo participante en la renovación de nuestra literatura. Si Novo puede ser el prosista más diestro de los "Contemporáneos", su poesía cuenta entre las mejores de ese grupo. (Como autor de versos satíricos nadie se le compara.) Espíritu afín al de Tablada en algunos aspectos, Novo "nacionaliza" el humor de vanguardia: sus poemas manifiestan la burla del sentimiento modernista y la apertura hacia el paisaje de la primera posguerra: urbano, industrial, publicitario. En las letras inglesas descubre su auténtica voz. Las breves, casi epigramáticas, composiciones de Espejo rescatan, fijan con distancia crítica, imágenes de la infancia perdida. En Nuevo amor el encuentro, la separación, la memoria de sal o de ceniza se

    expresan directa y libremente, con una tonalidad de íntima pesadumbre que no menguó nunca su novedad ni su frescura. Novo ganó el Premio Nacional de Literatura en 1967."*

    Su poesía completa nunca ha sido publicada. Su poesía está en XX poemas (1925), Nuevo amor (1933), Espejo (1933), Seamen Rhymes (1934), Décimas en el mar (1934), Romance de Angelillo y Adela (1934), Poemas proletarios (1934), Never ever (1934), Un poema (1937), Poesías escogidas (1938), Dueño mío. Cuatro sonetos inéditos (1944), Decimos: "Nuestra tierra" (1944), Florido laude (1945), Dieciocho sonetos (1955), Poesía 1915-1955 (incluye Poemas de infancia, 1955), Sátira (1955) y Poesía (l961).

    Salvador Novo fue el primer poeta mexicano del que se tradujo un libro completo en inglés en 1935 (para entonces ya había sido traducido al francés y al portugués). Algunas de las traducciones que aquí se presentan provienen de Nuevo amor, traducido por Edna Worthley Underwood (The Mosher Press: Portland Maine). Otras provienen del libro Now the Volcano: an Anthology of Latin American Gay Literature, editado por Winston Leyland, traducido por Erskine Lane, Franklin D. Blanton, Simon Karlinsky (San Francisco: Gay Sunshine Press, 1979).

    Las memorias de Salvador Novo han sido recientemente publicadas bajo el título La estatua de sal(México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Colección Memorias Mexicanas, 1998). Varios tomos de La vida en México..., con buena parte de su trabajo periodístico, han sido publicados en la misma colección. Sus ensayos también han sido publicados recientemente, editados por Sergio González Rodríguez, Viajes y ensayos (México, Fondo de Cultura Económica, 1986).

    * Tomado de Poesía en movimiento. México, 1915-1966 (editado por Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis), Siglo XXI, México.

    Dejemos que el propio Ibargüengoitia nos diga de sí mismo:

    "Nací en 1928 (el 22 de enero) en Guanajuato, una ciudad de provincia que era entonces casi un fantasma. Mi padre y mi madre duraron veinte años de novios y dos de casados. Cuando mi padre murió yo tenia ocho meses y no lo recuerdo. Por las fotos deduzco que de él heredé las ojeras (...)

    Al quedar viuda, mi madre regresó a vivir con su familia y se quedó ahí. Cuando yo tenia tres años fuimos a vivir a la capital, cuando tenía siete, mi abuelo, el otro hombre que había en la casa, murió.

    Crecí entre mujeres que me adoraban. Querían que fuera ingeniero: ellas habían tenido dinero, lo habían perdido y esperaban que yo lo recuperara. En ese camino estaba cuando un día, a los veintiún años, faltándome dos para terminar la carrera, decidí abandonarla para dedicarme a escribir. Las mujeres que había en la casa pasaron quince años lamentando esta decisión 'lo que nosotros hubiéramos querido', decían, 'es que fueras ingeniero', más tarde se acostumbraron".

    Los motivos para cambiar a la literatura, fueron múltiples. Según Vicente Leñero, tal vez el primer motivo fue un viaje que Jorge realizara a Europa con los Scouts, a los 19 años, al Jamboree realizado ese año, 1947, en Francia. "Allí se dio cuenta de que puentes, caminos vecinales e ingeniería eran para él pura ociosidad y decidió interrumpir para siempre la carrera".

    Luego de desertar de ingeniería, se estableció en el rancho familiar para convertirse en agricultor, lo cual intentó durante los siguientes tres años. Gracias a esta decisión, pudo tener un contacto accidental con Salvador Novo, quien mediante la puesta en escena de la obra Rosalba y los llaveros, de Emilio Carballido, en el Teatro Juárez, lo impresionó tanto que tres meses después se inscribió en la Facultad de Filosofía y Letras.

    Entró a la Facultad en 1951 para tomar la clase de Teoría y Composición Dramática que impartía Rodolfo Usigli. La huella que su maestro y amigo le dejó fue imborrable. Lo marcó para siempre como escritor, al hacerle una pequeña alabanza sobre su primera comedia, que bien podría ser ('Cacahuates Japoneses o Llegó Margo que en su curriculum como dramaturgo citaba como primera obra y como inédita, aunque fue mencionada "por primera vez en el Diccionario del Centro Mexicano de Escritores 1951-1961.

    Esta obra es imposible saber si terminó en el cesto de la basura o en el cajón del olvido. Fue el examen final que Usigli les dejó a sus alumnos. Una obra en un acto, misma que fue bien acogida: "Al acercarse el final del primer semestre, Usigli anunció:

    --En vez de presentar examen van a traer una obra en un acto.

    Si no hubiera sido por eso probablemente yo estaría esperando que me llegara la inspiración para ponerme a escribir. El caso es que hice una comedia en un acto y se la llevé.

    --Tiene usted que aprender a escribir en máquina dijo al ver el manuscrito--. El escritor debe saber usar sus instrumentos.

    En la clase siguiente hizo el comentario:

    --Su obra es rudimentaria y no tiene acción, sin embargo es evidente que tiene usted sentido del diálogo y es capaz de escribir comedia.

    No sé que hubiera pasado si me dice "esto no sirve"

    La huella que dejara Rodolfo Usigli en Ibargüengoitia es notoria y fácilmente rastreable.

    El propio guanajuatense reconoce que a él debe "en parte ser escritor y por su culpa, en parte, fui escritor de teatro diez años". Ibargüengoitia estudió dos horas de dos tardes de cada semana de los tres años que siguió los cursos en Filosofía y Letras en su local de Mascarones.

    De esos años, Jorge recuerda tanto a compañeros como a profesores.

    "Éramos un grupo reducido. Rara vez pasamos de seis. Luisa Josefina Hernández, Raúl Moncada y yo llevamos el curso mientras lo dio Usigli, una señora americana que decidió aprender a escribir teatro el día en que cumplió ochenta años lo llevó los dos semestres de 1951, Rosario Castellanos, los dos de 1953, Jorge Villaseñor asistió a una clase, Raúl Solana a dos, etc."

    De sus profesores rememora:

    "En 1951 yo no quería ser maestro elocuente como O Gorman, o admirado, como Paco de la Maza, o critico enciclopédico, como Justino Fernández, quería ser escritor profesional y eso Usigli lo era en un grado en que no lo era --salvo Yáñez-- ninguno de los maestros que enseñaban entonces en Mascarones. Se sabía, claro, que don Julio Jiménez Rueda había escrito en su juventud una obra intitulada Sor oración del Divino Verbo, que yo nunca vi impresa ni sentí necesidad de leer; don Francisco Monteverde dejó de escribir teatro en 1932, cuando encontré Fusilamientos no podía creer que alguien capaz de escribir aquel libro lo hubiera sido también de dar las clases soporíferas que me dio Julio Torri. Usigli era un escritor profesional, serio y activo, con todas las desventajas que trae consigo la actividad".

    Sin embargo, la relación de Ibargüengoitia con sus compañeros de clase es mala. Menciona poco y mal a Emilio Carballido, a Sergio Magaña. Siempre que puede les tira "mala leche". Mención especial y muy aparte merece Luisa Josefina Hernández.

    La relación que llevó Jorge con Luisa Josefina fue sentimental pero platónica. La conoció en Mascarones y compartió con ella no sólo las cátedras, sino que, al dejar la vacante Usigli, ella y Jorge se quedaron con la materia, dejándola más tarde el propio Ibargüengoitia. Compartieron también la beca que les dio la Fundación Rockefeller en Nueva York, así como las alabanzas de parte del propio Usigli, quien los consideraba sus únicos buenos alumnos.

    El romance entre los dos dramaturgos fue callado por ambos. En ninguna entrevista o declaración se deja evidencia de éste. Sin embargo, Ibargüengoitia. fiel a narrar a partir de su experiencia biográfica, tiene tres cuentos en los que el personaje, siempre llamado Jorge, narra las aventuras y desventuras que tiene con una mujer, que en ocasiones se llama Ella, en otra Julia y en otra Sarita. Amén de varios textos periodísticos en los que la menciona de forma directa o indirecta.

    El primer montaje de una obra de Jorge Ibargüengoitia se debe a la intermediación de Usigli, el profesor y amigo.

    "Al fin del tercer año entregué a Usigli una comedia llamada Susana y los jóvenes. No sólo dijo que era buena sino que hizo que la Unión de Autores la montara y quiso dirigirla él mismo. Hizo la primera lectura, pero después lo invitaron al festival de Edimburgo y se fue, dejando la dirección a Basurto. Más adelante, mediante su intervención, esta obra fue incluida en un tomo de teatro mexicano que publicó Aguilar.

    "Nuestras relaciones eran entonces muy cordiales. No había discusión acerca de nuestras situaciones respectivas. Él era el Número Uno, el Miguel Hidalgo y Costilla del teatro mexicano y yo su discípulo. Después las cosas cambiaron.

    En efecto. Las cosas cambiaron poco a poco. Ibargüengoitia estaba desencantado con el teatro por el poco éxito de sus montajes. Estos nunca lograron el acogimiento que el autor esperaba. Por otra parte, la gota que derramó el vaso fue una entrevista que concedió Usigli a Elena Poniatowska en 1961, en donde el dramaturgo cita a sus alumnos favoritos.

    "Después de tomar clase de Teoría y Composición Dramática con Usigli durante tres años, de ser dizque su discípulo dilecto, y lo peor del caso, de mencionarlo dieciséis veces en mi charla de la Casa del Lago, abro el México en la Cultura del domingo y me encuentro con el siguiente párrafo:

    "LA ENTREVISTADORA: ¿Y los autores mexicanos, maestro?

    USIGLI: Me sigue pareciendo Luisa Josefina Hernández la más seriamente entregada. Hay otro muchacho, Raúl Moncada, en provincia, que trabaja con un Cuauhtémoc. De los demás no puedo hablar porque no los conozco. De Carballido no he visto nada nuevo. Leí lo de Sánchez Mayunz, Las alas del pez, y me parece un muchacho que tiene muchas posibilidades.

    " ¿Por qué no me menciona a mi' Yo también quiero estar en la constelación. Quiero ser santo y estar en el calendario. No es posible que se haya olvidado que existo, porque el otro día estuvimos tomando copas en el Balmer. Es verdad que no soy tan seriamente entregado como Luisa Josefina, ni tengo tantas posibilidades cómo Sánchez Mayanz, pero si habla de Moncada porque está trabajando en un Cuauhtémoc, yo tengo derecho de que hable de mi..."

    El resentimiento de Jorge por no ser mencionado por su maestro, fue demasiado. El trago amargo nunca lo pudo pasar. Además, las cosas iban de mal en peor para él. Fracasaba con sus obras, su maestro no lo recuerda, a pesar de los años de correspondencia entre ambos y en su trabajo lo critican por escribir con dureza contra Alfonso Reyes. Todo estaba liquidado para Jorge Ibargüengoitia.

    Cansado como estaba, a pesar de los muchos premios que recibiera, decide dejar para siempre el teatro. Su última obra fue El Atentado. De ella, Ibargüengoitia reconoce:

    El Atentado me dejó dos beneficios: me cerró las puertas del teatro y me abrió las de la novela. Al documentarme para escribir esta obra encontré un material que me hizo concebir la idea de escribir una novela sobre la última parte de la Revolución Mexicana basándome en una forma que fue común en esa época en México: las memorias de general revolucionario. (Muchos generales, al envejecer, escribían sus memorias para demostrar que ellos eran los únicos que habían tenido razón.) Esta novela, Los Relámpagos de agosto, fue escrita en 1963, gano el premio de novela Casa de las Américas en 1964, fue editada en México en 1965, ha sido traducida a siete idiomas y en la actualidad, diecisiete años después, se vende más que nunca."

    El guanajuatense por fin había encontrado su medio para desarrollarse como escritor. Recordando la primera frase que le dijo Usigli por su primer obra de teatro, la que fue su examen, Ibargüengoitia justificaba su abandono del teatro por la narrativa diciendo que él tiene "facilidad para el diálogo, pero incapacidad para establecerlo con gente del teatro".

    A partir de esta fecha, gana todos los premios que existían en México para narrativa. Gana también dos veces el premio Casa de las Américas, de Cuba. Y refugiado en su casa de Coyoacán, primero, y más tarde en París, se dedicó a escribir sus seis novelas.

    Ya establecido en París, al lado de su esposa, la pintora inglesa Joy Laville, a quien conoció en 1965 en San Miguel de Allende (y quien ilustrara las portadas de las novelas de Jorge publicadas por Joaquín Mortiz), la vida cambió totalmente para él.

    Se volvió "muy riguroso consigo mismo en la continuidad de su trabajo. Luego [de desayunar] escribía en su estudio durante toda la mañana. Su mesa estaba al lado de una ventana desde la cual se veía un colegio de señoritas (..) Cuando ellas salían de sus clases a la calle, Jorge interrumpía su trabajo y se quedaba viéndolas".

    A principios del último trimestre del 1983, "Jorge estaba trabajando en una novela que, tentativamente, iba a llamarse Isabel cantaba cuando le llegó la invitación para el encuentro de escritores en Colombia. Camino a ese encuentro, ya se sabe, ocurrió el accidente. Jorge había dudado al principio: no quería interrumpir el trabajo de su libro. Sin embargo, cuando la hora de tomar una decisión llegó, él estaba en un momento de su novela en el que tenía que detenerse y comenzar de nuevo. Eso era normal ya que así trabajaba él, deteniéndose de vez en cuando y comenzando todo otra vez".

    A las ocho de la mañana del domingo 27 de noviembre de 1983, apenas descendiendo el vuelo 081 de Aviaca, México-Bogotá "sabíamos que Jorge era ya uno de nuestros muertos".

    En el mismo vuelo, además de Ibargüengoitia, fallecieron los escritores Ángel Rama, Martha Traba y Manuel Scorza. Todos llevaban el mismo destino.

  • Anónimo
    hace 4 años

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  • Anónimo
    hace 4 años

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